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Cultura abierta en tres pasos: escala, capacidades y ambición

Más allá de que se haya convertido en un motto de los tiempos que corren, la colaboración en el campo del arte no es nada nuevo. Sin rebobinar demasiado, surrealistas, dadaístas, situacionistas y plagiaristas ya concebían la idea de que toda obra es derivativa y trabajan de manera cooperativa.

(Ilustración: Pablo Abad)

Pero ¿qué cambió entre el cadáver exquisito de Tzara, Breton & Company y elFestival Exquisite Corpse que se celebró en octubre de 2011 en EEUU? En ambos casos la obra resultante es producto de la belleza convulsa y la participación con espíritu lúdico. Pero en el primero, la colaboración acontece a nivel local, situada en un espacio físico, en el ámbito de lo próximo. En cambio, el festival norteamericano ha sido creadora desde la Red y los usuarios pueden participar de un evento donde artistas que acaso nunca antes se han visto generan una obra colaborativa a partir de múltiples medios.

“The Exquisite Corpse Festival uses the surrealist parlor game to inspire collaborations in unlikely media and between unlikely artists” (El Exquisite Corpse Festival utiliza una sala de juegos surrealista para inspirar colaboraciones en un medio insólito y entre artistas inusuales).

Cambio de escala
Lo que cambió es la escala. Y este cambio tiene que ver con procesos que vienen gestándose durante las últimas tres décadas porque existe una población joven y educada, que está conectada en Red y que busca alternativas. Como resultado, lo que era local pasa a ser global, lo que quedaba relegado al ámbito doméstico, familiar o próximo alcanza una dimensión planetaria.

La cultura del remix digital es un buen ejemplo del cambio de escala en la cocreación. The Grey Album es un disco mashup hecho por Danger Mouse y lanzado en 2004. Utiliza una versión a cappella del rapero Jay-Z’s y lo combina con una cantidad de samples no autorizadas de The Beatles. El álbum ganó notoriedad cuando EMI intentó detener su distribución alegando violaciones de copyright. En el mismo año DJ Spooky remixó el filme de D.W. Griffith’s (1912)Birth of a Nation, se apropió de partes de la obra y llamó a su creación Rebirth of a Nation.

La comparación entre The Greatful dead y el conocido Dj. Vadim también sirve para entender el cambio de escala que permite la Web2.0 y el P2P. Los primeros motivaban a sus fans para que grabaran partes del vivo que en ocasiones eran reutilizados por el grupo en su propia música. Vadim utiliza la Web para ofrecer sus samples a cualquiera que quiera remixarlos y subirlos a la nube. Después elige las creaciones que más le gustan y las utiliza en clubs o las viraliza a través de su soundcloud.

“Remix old and new Vadim tracks and upload them back to the cloud: we play our favourites on mixes, in clubs and share on our soundcloud” (Remezcla viejos y nuevos tracks de Vadim y súbelos a la nube: nosotros tocamos nuestros favoritos en clubs y los compartimos en la nube).

Cambio de capacidades
Un segundo cambio que afecta a la colaboración tiene que ver con las capacidades. La película El cosmonauta es un ejemplo claro porque es el primer filme español parcialmente financiado a través de crowdfunding. Tanto los guiones como el plan de rodaje han sido publicados en la Web y seguidos por los usuarios quienes, tras co-financiar, pueden convertirse en productores de la obra. El largo será distribuido con una licencia Creative Commons.

En este caso, el producto solo es posible gracias al cambio de escala sumado al de capacidades. La Red se convierte en un tablero que da lugar a la contribución mediante una serie de microtareas. Pero la contribución no siempre debe ser económica: Pantalla Global, que por estos días se expone en el CCCB, ha sido cocreada. Se trata de una exposición “abierta” y en tres fases: incubación, exposición y posexposición. Los usuarios pueden seguir todo el proceso creativo e incluso participar a través de la conformación de un “contracampo”. Los vídeos enviados formaron parte, en tanto contra-discurso, de la expo física y la virtual.

Lo tuyo es mío, lo mío es mío ¿?
El surgimiento de las licencias Creative Commons presta un marco legal para la efervescencia creativa que movilizan el cambio de escala y capacidades (más allá de algunas restricciones). La era de la industria de masas, de los grandes intermediadores necesitó del copyright para sostener su negocio. Ahora, la era de la contribución pone de manifiesto la necesidad de nuevas reglas de juego que sigan protegiendo al autor sin cercenar las posibilidades de distribución abierta y remezcla. El copyright es a la industria de masas lo que Creative Commons a la cultura de la Red.

En este contexto reaparece en escena un viejo conocido: el procomún, aquello que pertenece al dominio público, un recurso cuya propiedad no puede ser atribuida individualmente porque pertenece al colectivo. Y, de la mano del procomún, llega nuestra tercera adivinanza: ¿qué cambió entre la Encyclopaedia Britannica (R.I.P) y Wikipedia?

Cambio de ambición
Según Jimmy Wales, fundador de la famosa enciclopedia online, su creación es “comparable a una biblioteca o a un parque público: un templo para la mente”. La motivación tras Wikipedia es poner a disposición de todos todo el conocimiento del mundo. Con más de 20 millones de artículos en 282 idiomas y dialectos, redactados conjuntamente por voluntarios de todo el planeta, Wikipedia es una de las mayores contribuciones al procomún y solo es posible gracias a la sumatoria de cambio de escala + cambio de capacidades + cambio de ambición.

Asistimos a un cambio de ambición cuando el producto final de la colaboración es un recurso para el procomún. Un recurso plausible de ser copiado, distribuido, modificado y vuelto a distribuir, tal y como lo regulan las cuatro libertades del software libre escritas hace varias décadas por Richard Stallmanen el GNU Manifesto.

Coleccionarte.org, el Barcelona Creative Commons Film Festival (que no solo exhibe películas CC sino que además puede ser copiado como concepto en sí mismo), todos los proyectos que buscan cofinanciación en la plataformaGoteo.org son algunos de los ejemplos proyectados con el mismo cambio de ambición: el de una cultura participativa y libre que aprovecha y cultiva el recurso común.

Este artículo fue publicado por Mara Balestrini en la revista Yorokobu.

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